querido
Cesar Vallejo;
quema
el alma y no me quejo
porque
me apena esa suerte.
En
Francia llegó tu muerte
de
desdichada manera.
En
París, esa quimera
que
acogía tu palabra,
hoy
en la penumbra se labra
con
tu lanza justiciera.
¿Quién
hizo doler tu sombra
que
lloraba embravecida
y te arrancó de la vida
y te arrancó de la vida
ese
amorque nadie nombra?
¿Quién
con tu paz no se asombra
si
arrastraste mil infiernos
y descuidó los inviernos
y descuidó los inviernos
que
golpeaban tu luz?
¿Quién
apretó en ti la cruz
de
aquellos Dados Eternos?
¡Vallejo…!
Mi juventud
de
fiel poeta te entrego.
Hago
lunas del sosiego,
y
espasmos con la virtud.
Llora
en mí la plenitud
de
aquel hombre enardecido.
¡Levántate…!
Te lo pido
antes
de morir temprano.
…Quiero
abrazarte, mi hermano,
junto
al Dios que te ha dolido.
Nunca
podría imitarte,
si
volvieses a la vida.
(Está
la tumba encendida
para
anidar aquel arte).
¡Despierta…!
Debes quedarte
abrazando
al mar perplejo,
mientras
nos das un consejo
—con
palabras en exilio—,
para
sentir el idilio
anidado
en tu reflejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario