Antes de mis enojos, tu sonrisa;
antes de mi soberbia, tu humildad;
antes de mi mentira; tu verdad;
antes de mi calor, tu dulce brisa.
Antes de mis poemas, tu camisa;
antes de mis calores, tu humedad;
antes de mis enojos, tu piedad;
antes de mis jardines, tu cornisa.
Es que todo lo puedes en mi nombre,
mujer alada, prado de lo eterno.
Es tuyo mi querer de eternidades.
Asomaste tu amor a mi piel de
hombre,
cuando solo aguardaba el vil
infierno,
y fuiste el ángel de mis soledades.
CARLOS TÁVARA RAMÍREZ